«El despojo ilumina nuestras ciudades» y el arte público

¿El objeto artístico muestra una imagen o acciona una imagen en nuestro interior? En el caso del trabajo de Beatriz Millón “El despojo ilumina nuestras ciudades” es difícil de distinguir, porque se trata de pura luz, eléctrica, deslumbrante. Se mezclan los centelleos de las luces con las imágenes que ese deslumbramiento activa. Pueden venir a nuestra mente recuerdos de la infancia, de la feria de navidad, entre montañas rusas y coches de choque. Y traer también al recuerdo las historias leídas sobre la tristeza del payaso en su carromato en la parte trasera de la atracción de feria. Pero hay más, hay una “mirada diferida”, como le llama Román de la Calle (“Alegorías en torno a la historia de un coto -privado- de caza”, 1997, CAM, comentando la exposición de Silvia Sempere «Coto Privado de Caza», en el Centre d’Art La Llotgeta, Valencia), en referencia al hecho de que, aun tratándose de un trabajo artístico con una fuerte vinculación con el medio ―en el caso del trabajo de Beatriz Millón, de puesta en relación de la luz de las bombillas con la actividad de las compañías explotadoras de recursos naturales para la producción de energía eléctrica mediante procedimientos muchas veces insostenibles―, esa puesta en relación a través de la mirada no se produce de una manera directa o explícita, sino sugerida a través de “enlaces, citas y yuxtaposiciones que zigzaguean”, en el presente caso, reforzado todo ello por el deslumbramiento producido por la luz eléctrica.

Por otro lado, un aspecto enormemente relevante de la instalación de Beatriz Millón es el hecho de que se encuentra en el espacio público. Se trata de unas arcadas de luces que se exhiben en la calle Pintor Fillol, 2, de Valencia, junto a la sede de la Fundación La Posta, durante estos días de navidad de 2019 (hasta el 6 de enero de 2020). En ese sentido se trata de una instalación que vuelve al espacio tradicional de la escultura pública, dotando a la obra por tal motivo de significados añadidos, los propios del arte público. Esto plantea, entre otras cuestiones, una relación muy especial con el público.

El interés por la relación del arte contemporáneo con el público, propiciarla e integrarla en una experiencia más intensa que la mera contemplación, constituye uno de los objetivos fundacionales de La Posta. Y en el caso del arte público en particular, se plantea a este respecto un reto de envergadura. Porque la transformación operada por el arte público en las últimas décadas ha incidido de manera particularmente intensa precisamente en este aspecto, el de la relación del público con la obra de arte. Sobre esta cuestión ya nos referimos con cierto detalle en el post “Los talleres Emergentes y la escultura social” en esta web.

Además, desde La Posta alentamos que los artistas tengan una experiencia directa de la reacción del público ante la obra. Mucho de lo que se dice sobre incomprensión del público en relación con el arte contemporáneo, tiene que ver con el desconocimiento de una parte del sector en relación a cómo el público se forma en el acto de recepción de la obra, un encuentro que debe ser propiciado por tal motivo. En relación con este punto, la asunción por parte de Beatriz Millón de este reto no podía haber sido más positiva. Nos lo ha contado ella misma en un audio enviado por whatsapp. La trascripción es esta: “…por lo que me decías de tener la experiencia [de la reacción del público ante la obra] para mí es algo muy importante, que al final… pues hacemos estas cosas por nosotros mismos, pero también para tener otro mensaje, entonces [se trata de] ver si al final si ese código, esa forma de acercar las cosas fluye o no; y, pues había todo tipo de personas, que se paraban, personas que no [ante las arcadas de luz], muchas personas que pasaban de largo, como que lo miraban, se quedaban extrañadas y seguían; pero fue muy bonito ver que la gente se acercaba; estuve un buen rato sacando fotos, mucha gente me paraba, había muchos turistas, me preguntaban “sorry, whats mean «el despojo»?”, yo no decía que era mío, lo explicaba un poco, les leía el texto [en la vitrina], y surgieron cosas muy bonitas, me gustó mucho; ahora el 4 y 5 [de enero] voy a estar en Tenderete, la feria de libros, con un puesto de una editorial independiente que tengo con una amiga [Roza y Quema], y a ver si me puedo pasar un rato largo por las tardes [por la calle Pintor Fillol, 2, donde están las arcadas de luz], …como estaré cerquita…”.

montaje

Beatriz es de la idea ―también ella― de que el arte público busca y construye a su público. Si en general el arte contemporáneo tiene que crear su público, en el caso del arte público esto es más evidente si cabe, porque no se trata de un público que acude de manera intencionada al espacio del arte para encontrarse con la obra o la acción, y tener una experiencia específica, sino que en el caso del arte público el arte salta a su encuentro y le coloca en la situación de adoptar una actitud ante el mismo. Siempre ha sido así, pero antes esas actitudes estaban muy codificadas, porque el arte público imponía una muy importante jerarquía entre el autor de la obra, que buscaba de asociar su estatus al del momento histórico representado en la misma, o al concepto absoluto del que la obra era una alegoría, dejando al público allá abajo, literalmente a los pies del pedestal, una situación que en el contexto actual es simple y llanamente impracticable, habiendo dado paso a una variedad muy diversa de actitudes, algunas de las cuales no son ajenas al desprecio (también las hay de adoración injustificada), pero eso no puede ser rechazado o descartado sin más con un desprecio recíproco, sino que debe servir de aliciente para profundizar en la comprensión de qué espera el público por venir del arte contemporáneo.

Javier Cervera