La vida enunciada. La neovanguardia en el cine español (texto curatorial)

En los años 60 la situación en el cine español era mucho más complicada que la superficie vista por los ideólogos de las Conversaciones de Salamanca a mediados de los años 50. Sus integrantes apostaron por la crítica realista frente al realismo objetivo en la que se había vinculado cierta parte del cine español. El realismo, de rama idealista alemana, en la que se habían fundado las ideas de directores como Manuel Mur Oti, Antonio del Amo o Ana Mariscal quedaba cada vez más envejecido ante sus ojos, pero también las comedias insustanciales o el cine folclórico. Con ello nacieron un buen número de directores paradigmáticos que vendrían a reformular el realismo: Francisco Regueiro, Carlos Saura o Víctor Erice.

Paralelamente, se desarrollarían modelos que provenían de un pasado más incierto, pero sin el cual es imposible entender la estética cinematográfica española. En este pasado se incluye la renombrada neovanguardia catalana, la madrileña, la experimentación valenciana, la creación analítica y estructural vasca o islas creativas localizadas en Canarias, Aragón o Asturias. Bajo influencia americana en algunos casos, francesa y española en otros, se trataba de una estética más cercana al ideal marxista de lucha. No se trataba ya de retratar el entorno, como en el caso del realismo crítico, sino de enfrentarse directamente a la realidad, transformándola.

El cine de vanguardia anterior a la Guerra Civil supone un hecho casi anecdótico que se limita a algunas rarezas, como las obras de Ardavín y Sobrevila. Puede que el comienzo de su consolidación aparezca después del conflicto armado, primero como algo circunstancial en una especie de dadaísmo en la obra de Mihura, y luego auspiciado por la Falange, en un intento de alejarse de la antigua construcción realista de la CNT o del PCE, muy influido por el futurismo y el constructivismo, pero edulcorado con narrativas lineales. El primer y único ejemplo que nos queda de este tipo de cine es Rojo y negro, de Carlos Arévalo (1942), filmada justamente en la época en la que la Falange sufrió una conmoción y su debilitación por parte de las autoridades franquistas. En esa época también es posible detectar las influencias mencionadas en El milagro del Cristo de la Vega, de Adolfo Aznar (1940). No es, sin embargo, hasta Embrujo, de Carlos Serrano de Osma (1947) cuando se puede hablar de vanguardia propiamente dicha. A pesar de que esta película cuenta con un argumento totalmente estructurado, la psique de sus personajes se ve anclada en la abstracción de conceptos en la línea del expresionismo alemán o del constructivismo soviético.

Más tarde llegaría el maestro por excelencia de la primera vanguardia en España, José Val del Omar, con su impresionante Tríptico Elemental de España (1955-1982). Pero el momento clave de la neovanguardia en el cine sería el segundo lustro de los años 60, con films como Fata/Morgana, de Vicente Aranda (1966), Imitación del ángel, de Adolpho Arrietta (1967) o Dante no es únicamente severo, de Jacinto Esteva y Joaquim Jordà (1967). Bajo la influencia del underground americano, la Nouvelle vague, el Cinema Novo, la Nova Viná, el Fluxus y el Pop Art, se forjó en España una nueva práctica artística que detonaba o empujaba los modelos hacia su destrucción, según se mire, en el panorama cinematográfico español. Un cine que se acercaba mejor que el realismo a la destitución de los dogmas narrativos y estéticos del cine tradicional, individualista y de origen burgués.

Distribuido y proyectado de forma clandestina, el cine de la neovanguardia pasó a ser un proyecto marginal confinado en las aulas universitarias o en los cineclubs de la época. Algunos de sus autores, como es el caso de Arrietta, abandonaron España hasta los años 80; otros, como Antonio Artero o Alfonso Ungría, cayeron en el olvido más absoluto. Esta retrospectiva intenta recrear, a través de un breve recorrido, lo que ese cine y esa época significaron para nuestra cinematografía.

La vida enunciada. La neovanguardia en el cine español presenta algunas piezas olvidadas de nuestra cinematografía, otras que nunca han sido proyectadas en Valencia y también obras de directores de nuestro entorno que, aun sin haber sido particularmente reconocidas, suponen un hito artístico dentro de sus filmografías.

El carácter que engloba esta retrospectiva es la mirada singular y subjetiva hacia lo vital. Aquellas visiones sin interrupción y prolongadas que captan un entorno conocido, y lo hacen propio. Utilizando la imagen como nueva forma de lenguaje, no como apoyo, sino como forma libre de recrear un propio devenir.

PROGRAMA

Javier Aguirre, Objetivo40º, 1969

Objetivo 40º (1969), Javier Aguirre. 11 min. 27 seg.

En una de sus piezas del Anti-cine, Objetivo 40° (1969), Javier Aguirre se pronuncia sobre la imposibilidad de conseguir la objetividad filmada.

Piensa que mañana puede ser el primer día del resto de tu vida (1971), Lluís Rivera

Piensa que mañana puede ser el primer día del resto de tu vida (1971), Lluís Rivera. 13 min. 10 seg.

Con Piensa que mañana puede ser el primer día del resto de tu vida (1971), Lluís Rivera crea una obra entre el pop y la militancia, hija de su propio tiempo. SE PUEDE VER ARRIBA EN LA PANTALLA.

Antonio Artero, Yo creo que..., 1975

Yo creo que… (1975), Antonio Artero. 98 min.

Yo creo que… (1975) de Antonio Artero, reflexiona sobre la representación, las relaciones humanas, el mundo cinematográfico y la semiótica. Desde una posición militante, Artero debate el proceso de interpretación de la realidad a partir de ideas estructuralistas.

María Montes y Josep Lluís Seguí, Descripción de un paisaje, 1974 (1)

Descripción de un paisaje (1974), María Montes y Josep Lluís Seguí. 9 min. 7 seg.

María Montes y Josep Lluís Seguí se apropian en Descripción de un paisaje (1974) de material ya existente para crear una dialéctica en la que conviven tradición y mutilación.

Diciembre69 (1969), Jorge Lozano van de Walle

Diciembre69 (1969), Jorge Lozano van de Walle. 6 min. 20 seg.

Diciembre69 (1969), de Jorge Lozano van de Walle, destaca por una mirada pura que huye de los estamentos visuales y se recrea en una visión generacional llena de ansiedades.